JOJLOMÁ – el arte de pintar la madera

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Jojlomá es una de las artes populares rusas que se ha convertido en todo un símbolo del país. Apareció hacia finales del s.XVII en la orilla izquierda del río Volga, en la provincia de Nizhni Nóvgorod. Su nombre se debe al pueblo de Jojlomá, el centro de la comarca al que llegaba la producción de estas piezas desde los pueblos circundantes y desde donde se distribuía por toda Rusia, Asia y Europa.

Este arte consiste en la producción de piezas de madera – copas, cucharas, platos, vasijas decorativas, fuentes, … – pintadas con una decoración específica. La temática es siempre vegetal: ramas, hojas y frutas del bosque, como fresas salvajes, frambuesas, arándanos, etc. La gran atracción son los tonos dorados mezclados con otros colores que llenan toda la superficie del objeto. Estos dorados, curiosamente, se obtienen sin utilizar oro en ningún momento, mediante un proceso largo y laborioso.

Se considera que el arte de jojlomá apareció en la zona de Nizhni Nóvgorod tras la llegada masiva aquí de prófugos que venían desde distintos lugares de Rusia, huyendo de las reformas eclesiásticas introducidas a finales del s.XVII por el patriarca Nikón. Entre estos insumisos, старообрядцы, fieles a los antiguos cultos ortodoxos, había numerosos maestros pintores de iconos, que empezaron a aplicar las técnicas de producción de iconos a los diversos objetos de menaje que se fabricaban intensivamente en su nuevo hogar de acogida.

maestros pintando jojlom

Maestros locales pintando jojlomá

El proceso, a pesar de haberse mecanizado durante el s.XX, sigue en su esencia siendo el mismo. Primero se fabrica el objeto que va a ser decorado. El material más utilizado para ello es la madera de tilo, que previamente ha estado secándose no menos de 3 años. Una vez conseguida la forma definitiva, ésta es tratada primero con aceite de linaza y después con un elemento arcilloso que se aplica con un tampón de cuero. Tras dejar el objeto secarse unas 8 horas, se aplican 3 ó 4 capas de aceite secante bien distribuido por toda la superficie. Esta parte del proceso es decisiva para que la pintura sea resistente y el producto final, de alta calidad. También es larga, ya que entre capa y capa de aceite el objeto debe secarse totalmente. Sólo la última capa se deja ligeramente pegajosa para facilitar la aplicación del polvo de metal. En un principio, hasta el s.XIX, el metal utilizado era la plata, pero esto encarecía mucho el producto final. Desde el s.XIX comenzó a utilizarse el estaño, que se sustituyó posteriormente por el aluminio, y que permitió abaratar los costes y, en consecuencia, divulgar la producción de jojlomá.

Tras la aplicación del polvo metálico, el objeto queda de color plateado. Ahora es cuando se aplica por fin la pintura. Los colores utilizados son el negro y el rojo, y, en menor medida, el verde, el amarillo y el marrón. Estas pinturas deben tener alta resistencia térmica ya que, tras aplicarle una capa de laca, jojlomá se trata en el horno a unas temperaturas que oscilan entre 160 y 180ºC. El proceso de laca-horno se repite entre 4 y 5 veces y tiene dos consecuencias: la primera es que, bajo la laca caliente, todas las partes del dibujo que habían quedado plateadas, o sea, que sólo estaban tratadas con el polvo de metal, pero sin pintar encima, adquieren su color dorado. La segunda es que la laca se endurece, permitiendo que el producto final se vuelva resistente al calor y la humedad, y pueda ser usado en la cocina y la mesa. Aquí tenéis una imagen que muestra las fases por las que pasa un objeto antes de convertirse en jojlomá:

этапы производственного процесса ХОХЛОМЫ

El s.XIX fue el momento álgido de la producción de jojlomá. Hoy en día esta técnica sigue perviviendo, organizada en varias fábricas ubicadas en la zona que fue su cuna. Pese a seguir siendo funcional, su uso es mayoritariamente decorativo. Porque gracias a su colorido es capaz de alegrar cualquier estancia.

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Esperamos que os haya gustado este artículo.

¡Hasta pronto!