brynza

Hoy os presentamos un tipo de queso del que seguramente no habréis oído hablar: bryndza. A pesar de ser un total desconocido en España, cuenta con una gran popularidad en toda Europa del Este, especialmente en países como Rumanía, Moldavia, Bulgaria o Eslovaquia. Es un tipo de queso blando, con un color que varía entre el blanco y el amarillo pálido; su consistencia es homogénea y no tiene corteza exterior.

Reza la leyenda que fue descubierto hace 7,000 años por un mercader árabe en uno de sus viajes. Era costumbre entonces entre los pueblos nómadas y seminómadas llevar botas de piel con leche de oveja para el camino. Cuando, tras haber recorrido un buen trecho, el mercader echó mano de su bota para beber, descubrió que la leche se había convertido en un líquido blancuzco en medio del cual flotaba un trozo sólido de color blanco. Al probarlo, descubrió un nuevo tipo de queso que hoy en día conocemos con el nombre de bryndza.

Leyendas aparte, la preparación de lo que podría considerarse bryndza aparece descrita ya en La Odisea de Homero. Los turcos fueron muy amantes de este queso, popularizándolo por todo el Imperio Otomano. En 1787 se abrió la primera factoría de bryndza en Detva (Eslovaquia), aunque ya de siglos anteriores quedan referencias escritas a este queso.

Etimológicamente, bryndza proviene del rumano y significa “queso de oveja”, ya que inicialmente sólo se elaboraba con leche de oveja. Hoy en día, aparte de la leche de oveja, se utilizan también la leche de vaca, cabra y búfalo, así como sus mezclas, a las que se añade fermento y cloruro de calcio. La mezcla se deja en salmuera durante un tiempo no inferior a 20 días, aunque puede llegar hasta los 60 días. De la duración de la maceración depende el sabor del queso: a más tiempo de maceración, más fuerte y salado será. Al ser tan sencilla, su preparación se hace tanto en grandes factorías como en las propias casas de los comensales.

El queso bryndza se utiliza en numerosos platos de la cocina del Este: mamalyga, Liptauer o bryndzové halusky, siendo este último el plato nacional eslovaco. En Polonia existe una zona que produce bryndza con denominación de origen: Bryndza Podhalanska, elaborada con leche de oveja. En la ciudad ucraniana de Rajiv se celebra cada otoño el festival de la bryndza. La tradición cuenta con varios siglos de historia y originariamente celebraba el regreso de los pastores de los altos pastos veraniegos. Durante las fiestas, se abren numerosos puestos callejeros en los que los transeúntes pueden probar los platos típicos de la zona, así como varios tipos de bryndza de producción local. En Grecia cuenta con un gran favor el queso feta, el familiar más cercano de la bryndza. Al igual que ésta, se conserva en botes de cristal en salmuera y tiene una consistencia muy parecida, con la diferencia de que el sabor del feta es mucho más suave.

Además de su rico sabor y su versatilidad culinaria, el queso bryndza resulta también muy recomendable para la salud. Contiene altas cantidades de vitaminas B1, B2 y C, así como de calcio, natrio y fósforo. De hecho, es el queso donde el calcio se encuentra en su forma mejor asimilable por el organismo humano, por lo que ha probado ser muy beneficioso para el sistema óseo, así como para el pelo, los dientes y las uñas. Como muchos otros lácteos, ayuda a regular el tránsito intestinal, ya que erradica las bacterias nocivas y facilita la digestión. Por último, está demostrado el efecto beneficioso del queso bryndza sobre la piel, aumentando su elasticidad y suavidad.

Como cualquier producto tiene sus contraindicaciones, que en este caso vienen motivadas por su alto contenido en sal. Esto lo hace no recomendable para personas con dolencias de riñones o hígado, así como para los que sufren de hipertensión. También, al tratarse de un lácteo, está contraindicado para las personas que tengan intolerancia a la lactosa.

Esperamos que os animéis a probar este producto ahora que conocéis todas sus maravillas. ¡A degustar!

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