dioses

La mitología eslava es un tema amplio, complejo y apenas conocido. La religión ortodoxa, al llegar sobre el siglo XI, intentó por todos los medios borrar el recuerdo de las creencias que le precedían y casi lo consiguió. Lo que nos queda son fragmentos, menciones dentro de relatos, hallazgos arqueológicos, pero pocas certezas. Aun así, algo se conoce.

Va a ser un tema largo…

La visión del mundo

Los eslavos creían que el mundo tenía la forma de un huevo. En la mitología de algunos países amigos y vecinos, ese huevo fue puesto por un enorme pájaro cósmico, mientras que los eslavos conservaron ecos de leyendas en las que se mencionaba a la Gran Madre – la progenitora del Cielo y la Tierra. Su nombre era Djiva o Djivana (Жива – Vida), pero no se conoce mucho sobre ella ya que, según la leyenda, desapareció tras el nacimiento de la Tierra y el Cielo. Según una de las teorías era hermana y esposa de Rod, el Dios supremo, pero en realidad es más complicado que todo eso, ya que Rod es el dios único, con muchas personificaciones y eso convierte a Djiva en la personificación femenina de Rod. ¿Complejo? Aún no habéis visto nada…

Volviendo al tema de la visión del mundo:

En el centro del universo eslavo estaba la Tierra. La parte superior de la “yema” era nuestro mundo, el mundo de los vivos. La parte inferior era el mundo de abajo, el mundo de los muertos, el de la noche. Para llegar hasta ahí había que cruzar el océano que rodea la Tierra. O excavar un pozo que la atravesase. Si se tirara una piedra a ese pozo, caería durante 12 noches y 12 días.
Alrededor de la Tierra, a semejanza de la clara y la cáscara, se colocaban los nueve cielos (3 veces 3 es un número sagrado en muchas culturas). Cada uno de los cielos tenía su funcionalidad: uno para el sol y las estrellas, otro para la luna, otro para los vientos y las nubes… El séptimo cielo nuestros ancestros lo consideraban el transparente fondo del océano celeste. Era macizo y ahí se conservaban las reservas del agua viva, una fuente inagotable de lluvias.

Los eslavos consideraban que se podía subir a cualquiera de esos cielos trepando por el Árbol Mundial que unía entre sí el mundo inferior, nuestro mundo, y los nueve cielos. Ese árbol se parece a un frondoso roble, pero en sus ramas había hojas y semillas  de todos los árboles y hierbas existentes. Ese árbol era un símbolo muy importante en la mitología eslava ya que unía los tres mundos y se expandía con sus ramas hacia los cuatro ejes cardinales.

mundo

Y en el lugar donde el extremo del árbol se elevaba sobre el séptimo cielo, había una isla. Esa isla se llamaba Irio, o Virio y algunos científicos consideran que de ahí nace el paraíso (рай). La isla también llevaba otro nombre – Buyan, que la mayoría de los rusos reconocerá por mencionarse en infinitas leyendas y cuentos tradicionales. En esa isla vivían todos los progenitores de los animales que pueblan nuestro mundo. Ahí es donde iban los pájaros en invierno y ahí es donde se reunían las almas de los animales matados por los cazadores para contar a sus ancestros como los han tratado los humanos. Por ello el cazador debía agradecerles a los animales matados su piel y su carne y nunca mofarse de ellos. En ese caso los “mayores” devolverían el alma del animal a la tierra para que pueda reencarnarse. De ahí podemos ver que los eslavos no se consideraban a si mismos como los “reyes de la naturaleza” e intentaban vivir en comunión con el mundo que les rodeaba.

Y aquí la breve introducción. En el próximo artículo entramos en la materia de los Dioses propiamente dichos. O mas bien un solo Dios.

One thought on “Mitología eslava – Introducción

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