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El kvas es una bebida típicamente eslava, con muchos siglos de tradición y gran popularidad hasta nuestros días. La primera mención oficial a esta bebida data del año 989, cuando, tras la cristianización del pueblo, el Gran Duque Vladimiro ordenó repartir entre la población “comida, miel y kvas”. Se sabe que los antiguos egipcios fabricaban hace ya 8,000 años algo intermedio entre el kvas y la cerveza. También en la antigua Babilonia se producían bebidas frutales parecidas, y personalidades como Heródoto e Hipócrates dejaron descripciones de una bebida similar.

“Kvas” significa “bebida ácida”. Su sabor es específico; parecido a la cerveza, pero sin su amargor. Puede ser de dos tipos: de pan, el más común, en cuya composición entran la harina de centeno, el azúcar, la malta de centeno o levaduras lácteas, levadura y agua; o de frutas y frutos del bosque, que se obtiene a partir del zumo de la fruta en cuestión, al que se añaden componentes del kvas de pan. En cualquiera de los dos casos pasa por un proceso de elaboración basado en la infusión y la fermentación que dura varios días. Precisamente la fermentación hace que tenga un ligero componente alcohólico que varía entre los 0´7 y los 2´6º, dependiendo del proceso de su preparación. A pesar de ello, y debido a sus numerosas cualidades dietéticas, el kvas está incluido en las dietas de los enfermos hospitalizados, así como en las de las tropas, los marineros y los presos. También está indicado para los deportistas, ya que, como bebida obtenida a partir de la malta, aumenta la masa muscular y el rendimiento físico, y disminuye el cansancio.

Al igual que los productos lácteos fermentados, como el kefir, el kvas regulariza el tránsito intestinal, mejora el metabolismo, y evita la propagación de bacterias y microbios nocivos. De hecho, sus propiedades bactericidas quedaron demostradas en 1913 de la mano del científico ruso Sótnikov. Es también una fuente de vitaminas B1 y E, así como de hasta 10 aminoácidos esenciales. Pero lo que más popularidad le otorga entre la población, especialmente en los meses de verano, es su fuerte efecto calmante de la sed. Numerosos puestos de kvas llevan abriéndose en verano en las calles de las ciudades rusas, ucranianas, bielorrusas, etc. desde hace décadas, siendo ya una estampa estival típica los bidones amarillos de kvas aparcados en las aceras.

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