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El trigo sarraceno o alforfón suele considerarse un cereal, al igual que el mijo o la avena, aunque en realidad no lo sea, ya que no pertenece al grupo de las gramíneas. Crece en tallos altos con flores, y frutos en forma de granos piramidales. Su cultivo se remonta a 4 milenios atrás en la zonas montañosas de La India y Nepal, de donde es originario. Se considera que desde ahí, por medio de las rutas comerciales y las caravanas, irradió a las zonas limítrofes y después al resto del mundo. En Rusia comenzó a cultivarse en el s. VII d.C., recibiendo el nombre de гречка – ”griega”debido a que los que la introdujeron aquí fueron monjes griegos que entonces vivían en algunos monasterios rusos. En otros países europeos, donde llegó mucho más tarde, en la Baja Edad Media, gracias a las cruzadas, este grano recibe el nombre del sitio desde el que se introdujo; así, en Francia, España y Portugal se conoce como “trigo sarraceno”, en Grecia e Italia como “trigo turco”, en Finlandia, “tártaro”. En Nepal, de donde es originario, se le denomina “arroz negro”, al ser el grano más popular en Asia después del arroz.

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Los mayores productores, y a la vez consumidores, de trigo sarraceno son China, Rusia y Ucrania, donde este grano se cultiva especialmente para su uso alimenticio. En los demás países, entre ellos España, el trigo se cultiva en muy pequeñas cantidades para alimento del ganado o para la producción de miel.

A menudo nos preguntan qué sabor tiene el alforfón, a lo cual nos vemos obligadas a responder que…¡a alforfón! Porque, ¿qué sabor tiene el arroz? Lo mismo le pasa al trigo sarraceno: no tiene un sabor marcado, no es ni ácido ni dulce, aunque sí se distingue perfectamente del resto de granos una vez probado. El color originario de sus granos es verde, aunque la mayor parte de la gente lo conoce de color marrón más o menos oscuro. Esto es debido a que, después de su recolección, los granos pasan un proceso industrial en el que se tuestan a altas temperaturas, después de lo cual se secan y enfrían. De esta forma se venden en las tiendas, lo cual permite prolongar su fecha de caducidad, aunque destruye parte de sus propiedades alimenticias.

En su forma natural, los granos son difíciles de conseguir, aunque también son comestibles. Su sabor es suave y pueden consumirse en crudo. También pueden utilizarse en la cocina; en esos casos las semillas se germinan, añadiéndose posteriormente a ensaladas o preparando gachas. La gran ventaja del alforfón es que en su cultivo no se utilizan pesticidas. Esto es debido a dos factores: primero, a que el propio alforfón es una planta que se come las malas hierbas y no suele ser atacada por plagas; por otro lado, las abejas son muy sensibles a los productos químicos, por lo que su uso se limita mucho cuando se trata de producción de miel. Esta ausencia de pesticidas convierte al trigo sarraceno en un producto ecológicamente limpio.

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